
Quisiera tener todo el tiempo en mis manos esta noche y la memoria fresca, para que nada quede en el tintero.
Quisiera haber dicho todo para no tener que, aún hoy, arrepentirme de algunos silencios.
Quisiera haber sido más fácil, y aliviar tu carga.
Quisiera haber cumplido tus expectativas, y aún así, sorprenderte.
Quisiera haber estado cerca tuyo por si querías hablar en vez de tener que ir a buscarte aquella tarde en que egresabas.
Quisiera tener la vocación que vos tenés. Pero medio siglo de diferencia es una vida.
Quisiera pegarte una cachetada y hacerte reaccionar. Y que entiendas, de una vez por todas, que no quiero que me defraudes. Ni que te pierdas.
Quisiera que realmente sepas lo que me reconforta tu perdón. Que aquella noche en la que te abracé en la calle no lloré por quien se iba, sino por quien volvía. Y que te extraño.
Quisiera tocar tus manos suaves. Y limarte las uñas una vez más. E insistirte con que me prepares fideos rellenos.
Quisiera que no hayas tenido que pasar por tanto dolor. Quisiera continuar toda mi vida admirándote por tanta entereza.
Quisiera que no hayas tenido que dudar nunca, aunque me hayas vuelto a elegir.
Quisiera borrar tus fantasmas y encontrarte un príncipe azul. Y que ya no estés sola.
Quisiera tener el valor suficiente para enfrentarte y decirte cuánto te necesito.
Quisiera reconfortarte y alentarte. Devolverte algo. Y no tengo nada para darte.
Quisiera acompañarlos en su lucha y su dolor, que también fue mío. Pero su silencio no me deja.
Quisiera haber encontrado antes la soltura para escribirte. Y que te dejes conocer, y conocerte.
Quisiera que encuentres el rumbo, y que no te equivoques. Aunque todavía sos joven...
Quisiera que no me subestimaras. Ni a él.
Quisiera perdonar tu locura. Pero el dolor es muy grande.
Quisiera empezar de nuevo. Y hacer las cosas de otra manera para que hoy estés bien. Borrar tus dolores y rescatar tus ojazos y tu sonrisa eterna de las fotos que a veces miro para no olvidarla.
Quisiera no haberte alejado de los que tanto extrañás.
Quisiera que conserves ese humor por siempre. Y que me acaricies la cara y te duermas de mi mano como cada noche.
Quisiera verlos crecer hasta el último día de mi vida.