
A las ocho de la noche (que por estos lugares todavía es pleno día) estacionó frente a casa una camioneta de la que bajó un muchachito de la edad de mi marido y me preguntó si yo era la nuera de Raúl. Acto seguido me dijo que había hablado con Nes para llevar a Guada a jugar a su casa con su nena. Yo pensé, éstas cosas pueden pasar acá nomás...en Buenos Aires no te la doy ni muerrrta. La cosa es que a Guada le agarró la vergüenza y no quiso ir, así que le pregunté a Catalina si quería quedarse ella. Y Cata bajó sin problemas. Vivo en la casa de allá, me dijo el padre señalándome del otro lado de la plaza. Las nenas como si fueran amigas de toda la vida, entraban y salían devorando galletitas. Al rato me dijo Cata, quiero ir arriba, a jugar al cuarto de Guada. Menos mal que estaba ordenado!!!! Y se hicieron las nueve y cuarto y yo daba vueltas pensando si debía darles de cenar o no...qué se yo....nunca tuve amiguitos a jugar sin madres...Tenía el celular del padre, pero me parecía que si llamaba para preguntarle era como decirle "vení a buscarla que es la hora de la comida". Ni bien terminé de pensar ésto, llegaron ambos progenitores en su camioneta toda pichichí. Se acercó Bárbara (uuhhhh que nombre tan fashion), que la verdad me resultó macanuda...tengo que hacerme a la idea de que acá nadie es gente de barrio como uno...y le pregunté si la dejaba a cenar. Así que las nuevas amigas comieron las milanesas que tan ricas me salen.
Ah, y antes de irse, me dijo Bárbara que algunas de las mamás del barrio se juntan los días que no hace mucho calor, a tomar mate en la plaza. Y bué...habrá que ir calentando el agua...