miércoles, 26 de septiembre de 2007

Restos diurnos


Creo que no hay nada peor que ver a un hijo temblar de dolor.



Yo estaba en un supermercado, caminando entre las góndolas con un changuito y mi cartera nueva. Se acerca una chica. Usaba una remera azul, el cabello largo, negro y lacio y un flequillo bastante tupido. Me pide algo. No recuerdo qué, pero estimo que sería algo de plata. Yo se lo niego. Ella me mira con ojos odiosos y me dice "Dios te va a castigar". Inmediatamente, se tira sobre el changuito para llegar a mi cartera. Grito, como loca, "me están robando" y nadie responde. Por esas cosas raras que tienen los sueños (o al menos los míos), el changuito se convierte en canasto, pero de metal eh...y con una furia animal lo levanto y con el ángulo inferior izquierdo comienzo a pegarle a la chica en la cara. Ella termina apoyada sobre una góndola (que a esta altura se había convertido en un panel de lockers rojos) y yo sigo, enceguecida, destruyéndole la cabeza hasta borrar el último vestigio de rostro para dejarla caída en el piso en medio de un baño de sangre.

Hasta ahí, mi recuerdo...

5 comentarios:

jesi dijo...

que sueño!!!...

Anónimo dijo...

Supongo que no existe temor mayor al dolor de un hijo. Será por eso que no hay fuerza destructora que iguale a la de una madre enfurecida que cuando la Siniestra Mujer de Negro amaga siquiera a acercarse a sus tesoros.
Hámster

la empleada del mes dijo...

qué bueno que ya no tengo jefe...si me hicieran un psicotécnico después de escribir ésto, me mandarían a foliar expedientes...

Anónimo dijo...

No sé si tu jefe te mandaría a foliar... quizás te enviaría a cuidar las góndolas!

Anfitrite dijo...

Ay...para buchona y mandar en cana soy mandada a hacer...