
Te conocí hace 25 años. Colombres 721. Yo esperaba que el micro me pasara a buscar en los sillones de cuero negro del hall de entrada. Vos pasabas con tus enormes moños en la cabeza. Unos días antes de comenzar tercer grado, me dijeron que seríamos compañeras. Recuerdo que tu mamá me pidió que te cuidara, incluso, que te acompañara al baño. Y yo lo tomé al pie de la letra. Nunca más te dejé sola. Nos volvimos una, y aprendimos a ver con los ojos de la otra. Funcionábamos en bloque, donde iba una, la otra la seguía. Nos fuimos juntas de vacaciones; de chicas, de no tan chicas y de grandes. Nos compramos el mismo vestido marrón en lo de Carmen, ahí sobre la calle Estados Unidos, y nos poníamos de acuerdo para no usarlo en el mismo cumpleaños. Nos prestábamos los juguetes por el ascensor y hasta hablábamos por walkie-talkie desde nuestras casas. Llenamos de Micky Moco el aparador de tu mamá más de una vez. Insistimos una docena de veces en criar Seamonkies para terminar siempre tirando los cadáveres al inodoro. Compramos toda clase de estupideces en lo de Zulma, y corríamos entre el millar de cosas del negocio de Julio. Nos empachamos con el mantecol de la Convidosa y cada tanto, nos íbamos a la peluquería de Rubén Frúmboli. Fuimos a la mueblería de La Pipetúa y a danzas en lo de Títi, donde una vez, para una fiesta de fin de año, me disfracé de Morticia. Años después, en tu cumpleaños de quince, me saqué el anillo en las cintitas de la torta, y nadie nos creyó que había sido casualidad. Nos quedamos afónicas de tanto gritar en una veintena de recitales. Pagamos fortunas por algunas cenas shows. Nos vestimos como princesas para encontrarnos en el baño con Diana María. Aprendimos juntas a tomar champagne, para descosernos de la risa en un baño de 1x1. Quisimos aprender a bailar flamenco, para desistir al mes por pataduras. Y unos años después, por esas cosas que tiene la vida, nos alejamos. Lloré desconsoladamente durante dos años. Te soñaba y Néstor me despertaba a los sacudones porque lloraba dormida. Cuando llegué al punto de no soportar más tu ausencia, decidí volver, y a cualquier costo. Y nos reencontramos más unidas que nunca, para comenzar una etapa de a cuatro. Y al año siguiente quisiste que yo fuera la madrina y unos años más tarde tuviste una ahijada. Tal como lo habíamos planeado veinte años atrás. Y los tiempos y las circunstancias de cada una fueron muy distintos. Y nos alejamos un poco, pero sólo físicamente. Y ahora nos despedimos para alejarnos aún más. Pero nos fundimos en un abrazo lleno de lágrimas que me transporta a ese hall con sillones de cuero, o a ese 8º F o al 2º A y nos veo con dos colitas y jumper gris con nuestros bebés de Jolly Bell a upa. Así quiero recordarte, cerca amiga, muy cerca.