jueves, 30 de agosto de 2007

El ojo en el cielo


El ruido de la púa sobre el disco de pasta ya me cambiaba el humor. Tenía unos parlantes gigantes, que sonaban bien graves, como a mi me gusta. Sacaba la caja que si mal no recuerdo era de color verde agua y con la mano temblorosa, buscaba la rayita gruesa en la que comenzaba el tema. Era un departamento chico, con muchos muebles. Tenía una ventana de varias hojas, del tamaño del ancho del comedor. Era un segundo piso y daba al jardín de una casa en el pulmón de la manzana. Parecía un jardín inglés salido de un cuadro barroco. Frondoso por demás, verde oscuro, tupido. Y perfumado. Olor a fresco, a humedad, a tierra mojada…tan especial. Y la música comenzaba a sonar, mi corazón retumbaba y mis ojos se llenaban de verde. Sobre la mesa estaba servido el desayuno, con esas galletas untadas con un centímetro de alto de manteca y mermelada casera de tomates. Y llegaba él, desde la cocina con su pijama todavía puesto, para desayunar conmigo mientras escuchábamos a Alan Parson. Hoy escucho The Eye in the Sky, y no puedo evitar recordar esas mañanas de domingo.