
No sabía cómo sacarte de mi cabeza. Quise no pensar más en vos. No imaginar lo que pudo haber seguido después de la noche en que dormiste conmigo. Hubiese querido evitar ilusiones de cualquier tipo en las que estuvieses incluído. Poder frenar este arrebato de emociones, este sinfín de recuerdos. Quería dejar de verte en cada rincón de mi casa, pero era inútil. Allí estabas. Entre mis libros, en cada copa de vino, hablándome entre mi música suave. En mi cama fría y en cada ducha tibia. Entre mi paisaje tan vacío y en todos y cada uno de mis sueños. Quise no avivar más el fuego, juro que traté con todas mis fuerzas. Pero no pude evitar llamarte. Y una vez más, comenzó el incendio.