sábado, 29 de diciembre de 2007

La hija del dotorrrrrrr


A las ocho de la noche (que por estos lugares todavía es pleno día) estacionó frente a casa una camioneta de la que bajó un muchachito de la edad de mi marido y me preguntó si yo era la nuera de Raúl. Acto seguido me dijo que había hablado con Nes para llevar a Guada a jugar a su casa con su nena. Yo pensé, éstas cosas pueden pasar acá nomás...en Buenos Aires no te la doy ni muerrrta. La cosa es que a Guada le agarró la vergüenza y no quiso ir, así que le pregunté a Catalina si quería quedarse ella. Y Cata bajó sin problemas. Vivo en la casa de allá, me dijo el padre señalándome del otro lado de la plaza. Las nenas como si fueran amigas de toda la vida, entraban y salían devorando galletitas. Al rato me dijo Cata, quiero ir arriba, a jugar al cuarto de Guada. Menos mal que estaba ordenado!!!! Y se hicieron las nueve y cuarto y yo daba vueltas pensando si debía darles de cenar o no...qué se yo....nunca tuve amiguitos a jugar sin madres...Tenía el celular del padre, pero me parecía que si llamaba para preguntarle era como decirle "vení a buscarla que es la hora de la comida". Ni bien terminé de pensar ésto, llegaron ambos progenitores en su camioneta toda pichichí. Se acercó Bárbara (uuhhhh que nombre tan fashion), que la verdad me resultó macanuda...tengo que hacerme a la idea de que acá nadie es gente de barrio como uno...y le pregunté si la dejaba a cenar. Así que las nuevas amigas comieron las milanesas que tan ricas me salen.

Ah, y antes de irse, me dijo Bárbara que algunas de las mamás del barrio se juntan los días que no hace mucho calor, a tomar mate en la plaza. Y bué...habrá que ir calentando el agua...

viernes, 28 de diciembre de 2007

Los amorosos

Yo se, querido ratón, que no te vas a enojar por apropiarme de tus cosas. Pero cuando llegan a mis manos preciosuras como éstas, no puedo dejar de compartirlas con la gente que como yo, no entiende nada de poesía.
Gracias por embellecer mi vida con palabras mágicas.
Y por las dudas te cuento, que me teñí de bordó. Eso te deja una esperanza.
_______________________________
Los amorosos callan.
El amor es el silencio más fino,
el más tembloroso, el más insoportable.
Los amorosos buscan,
los amorosos son los que abandonan,
son los que cambian, los que olvidan..
Su corazón les dice que nunca han de encontrar,
no encuentran, buscan.
Los amorosos andan como locos
porque están solos, solos, solos,
entregándose, dándose a cada rato,
llorando porque no salvan al amor.
Les preocupa el amor. Los amorosos
viven al día, no pueden hacer más, no saben.
Siempre se están yendo,
siempre, hacia alguna parte.
Esperan,
no esperan nada, pero esperan.
Saben que nunca han de encontrar.
El amor es la prórroga perpetua,
siempre el paso siguiente, el otro, el otro.
Los amorosos son los insaciables,
los que siempre -¡que bueno!- han de estar solos.
Los amorosos son la hidra del cuento..
Tienen serpientes en lugar de brazos..
Las venas del cuello se les hinchan
también como serpientes para asfixiarlos.
Los amorosos no pueden dormir
porque si se duermen se los comen los gusanos.
En la obscuridad abran los ojos
y les cae en ellos el espanto.
Encuentran alacranes bajo la sábana
y su cama flota como sobre un lago.
Los amorosos son locos, sólo locos,
sin Dios y sin diablo.
Los amorosos salen de sus cuevas
tembloroso, hambrientos,
a cazar fantasmas.
Se ríen de las gentes que lo saben todo,
de las que aman a perpetuidad, verídicamente,
de las que creen en el amor como en una lámpara de
inagotable aceite.
Los amorosos juegan a coger el agua,
a tatuar el humo, a no irse.
Juegan el largo, el triste juego del amor.
Nadie ha de resignarse.
dicen que nadie ha de resignarse.
Los amorosos se avergüenzan de toda conformación.
Vacíos, pero vacíos de una a otra costilla,
la muerte les fermenta detrás de los ojos,
y ellos caminan, lloran hasta la madrugada
en que trenes y gallos se despiden dolorosamente.
Les llega a veces un olor a tierra recién nacida,
a mujeres que duermen con la mano en el sexo,
complacidas,
a arroyos de agua tierna y a cocinas..
Los amorosos se ponen a cantar entre labios
una canción no aprendida.
Y se van llorando,
llorando la hermosa vida.

Mi 25 de diciembre

Mucho calor. Almorzamos con los abuelos. Pasamos por casa, calentamos el agua para el mate y cargamos unas galles. Subimos nuestra montaña y llegamos al lago Lolog.

Aquí, pasamos nuestra primera navidad en el sur.



Y así, nos encontró el atardecer.






Pero qué diviiiiino


Cena de navidad. Familia y algunos amigos. En el restaurante. El chiquito desapareció. Al rato volvió del baño con regalito...

jueves, 27 de diciembre de 2007

Y...algo raro había

Yo quería decirlo. Hacía rato que me daba vueltas en la cabeza. La idea de seguir ocultando determinadas cosas después de tantos años ya no tenía sentido. Y ahora que estoy afuera menos aún. Ya ni recuerdo cuándo ni cómo se lo dije a ella. Hace unos años, en un sótano lleno de humo de cigarrillo se lo dijimos a él. No le llamó la atención que su mujer llamara a mi celular para ubicarlo. Debe haber sido por la cerveza. Y así como yo creo que lo único que no he perdido con el correr de los años es la capacidad de asombro, supongo que el resto tampoco. Y hoy hay caras que ya no puedo ver. Y hay cosas, que debería haber dicho antes de irme y no las dije. Y ya es tarde. Quizás, algún día, tenga la oportunidad de mostrar algunas fotos. Hasta tanto, hay un detallito que sólo dos, además de los involucrados, conocen.

domingo, 23 de diciembre de 2007

Misceláneas

¿Viste cuando un gas te cae simpático?

Feliz cumple amiga mía!!!

No estoy cerca para darte un abrazo. Y hoy fue un día ajetreado. No pudimos hablar mucho.
Éste, es mi humilde homenaje.






Gran acontecimiento gran

Primero, armamos el arbolito. Días después, escribimos la cartita pidiendo príncipes y princesas. Y esta tarde, Papá Noel llegó al pueblo. No lo dejó tranquilo, se le instaló al lado y no se movió. Me preguntó por qué llegó caminando si debía venir volando....



Y así se reunió toda la comunidad infantil. Se cortó la avenida principal, a plena altura central para recibirlo. Con policía provincial y todo...




viernes, 21 de diciembre de 2007

Ella tiene un problemita

No sólo vive rompiendo tacos, sino los zapatos mismos. Y no aprende, invierte aguinaldos enteros en la compra de buen calzado. Recorre zapaterías, busca, revuelve, se prueba, se mira en el espejo, camina, va y viene, hace fuerza con el taco para ver si resiste sus zancadas, y finalmente se decide. Al día siguiente sale con sus zapatos nuevos para comenzar a destruirlos. Tiene abono en el zapatero, una cuponera como la de Blockbuster. Pero ella, mejor que nadie sabe enmendar estas cosas. A las pruebas me remito.


Ah, el invierno... y esa combinación de colores que sólo ella sabe hacer....
Menos mal que tiene otros atributos, y lo que menos le miran son las medias....




jueves, 20 de diciembre de 2007

A llorar a la iglesia

Estaba yo hace muchos años en el Piana reincidiendo en el taller, inmersa en un grupo de gente rara como suele verse en estos lugares. Entre ellos, había un matrimonio que llamaba mi atención. De unos 45 años ella, de él no recuerdo ni siquiera la cara. Ella era la mezcla perfecta de dos compañeras de trabajo que tuve. El aspecto físico de Yolanda y la forma de vestir y comportarse de Elba. Y se ve que las dos tenían alguna conexión de algún tipo porque terminaron, en distintos momentos, encamadas con el mismo médico. La cosa es que en medio de un debate sobre vaya a saber qué, la mujer rara del taller dijo que su marido y ella formaban parte de un "grupo de lloradores". No sé la cara que habrán puesto los demás, pero puedo imaginar perfectamente la mía. Me sorprendí al notar la diferencia que hizo al no decir "llorones", que es lo que en el fondo, todos los que estábamos sentados en esa mesa pensábamos. Y explicó sobre los beneficios del llorar, de lo bien que le hace al cuerpo y al alma, de sus cualidades terapéuticas, del desahogo, la liberación de angustias y no se qué otras yerbas. Una vez que terminó de explicar las bondades de su extraña terapia, se puso de pie y dijo: -"Y si ahora me disculpan, me voy un ratito afuera a llorar". Abrió la puerta y salió. Ésa, fue la última noche que asistí al taller.

martes, 18 de diciembre de 2007

Y tuvo su fiesta

Tanto temí que no tuviese amiguitos con quienes festejar...Pero la providencia quiso que surgieran chicos de todos lados. Y tuvo su pelotero, su torta, su piñata y sus regalos. Ella, cumplió los cuatro en San Martín de los Andes.



Te cambio la guardería por el lago



domingo, 2 de diciembre de 2007

La noruega en su uniforme de enfermera

No se supo nunca si era enfermera o decía serlo. La cosa es que se la conocía como la enfermera noruega. Tengo que preguntar cómo se llamaba porque creo que él nunca me lo dijo. Parece que en ese entonces noviaba con alguien que se hacía llamar Paco de Gijón, o algo parecido. No se cuáles eran sus habilidades o sus encantos, pero por lo que dicen, no creo que haya sido muy buena para alcanzar la chata. La cosa es que cierta noche, no recuerdo si madrileña, se juntaron los cuatro para ahogarse entre cerveza, puchos y amores. Parece que, luego de jurarse amistad eterna, amanecieron entre sábanas enredadas el pibe de San Miguel y la bailarina centroamericana. De los europeos mucho no se supo, habían dejado la pensión al alba. Hace unos días alguien me dijo que van a pasar un tiempo en Buenos Aires. Y creo que él ya sabe dónde llevarlos.

martes, 27 de noviembre de 2007

Reserva de alojamiento - Temporada 2008


Estimados,


el corazón es grande pero la casa no lo es taaaaaaaanto. Por ende, si quieren privacidad, vayan alquilándose alguna cabañita. Caso contrario, si no temen a la ensalada rusa, los juguetes en el piso y el crujir de los pisos, serán bienvenidos.


Por eso, propongo que vayan reservando su lugar en mi casa mediante los comentarios. De esta manera, el que quiera venir, verá cuándo habrá lugar en casa y cuándo será un quilombete. Simplemente, para que puedan organizar sus vacaciones...

lunes, 26 de noviembre de 2007

Santuario

Cerca de la una de la mañana. Silencio afuera. Adentro, suena Pata Negra bien bajito porque los chicos duermen. Inauguro mi nuevo santuario. No tiene techo abovedado ni crucerías como soñé. Estoy sentada frente a un escritorio limpito, y tengo delante de mi un ventanal enorme, casi del techo al piso, que da al frente de la casa.Un par de metros de un intento de jardín, una cerca que me empecino en llamar tranquera y una calle de tierra que mirándola desde donde estoy, va en bajada hacia la derecha. En la vereda de enfrente, una plaza, y más allá, una decena de casas estilo alpino que van subiendo la montaña para formar parte de mi paisaje. Cerca de la una de la mañana y se escuchan los teros que juegan en la plaza. Una brisa fresca entra por la única ventana que está abierta. La luz de la luna me muestra la cima irregular del cerro y se dibujan las siluetas de los árboles más altos. Tengo un buzón de madera,con forma de cabaña. Una cerca perimetral de alambres escondidos debajo de un millar de retamas. Tengo una escalera de madera que cruje y rosales en el jardín. Tengo una rampa que Iñaki confunde con un tobogán y una galería en la que Guada anda en bicicleta. En fin, tengo mi santuario en medio del paraíso.

martes, 20 de noviembre de 2007

Por fin!!!!

Hemos llegado, finalmente. Ya vendrán fotos cuando instalemos nuestra Pc.
Por lo pronto, confórmense con saber que tengo un cerco de retamas amarillas.

jueves, 15 de noviembre de 2007

Ultima noche

Son casi tres y media de la mañana. A las 9 viene el camión a llevarse todo, menos la casa. Parece que no dormiremos esta noche, la cosa va para largo. Las cajas se acaban y los rollos de cartón se hacen finitos.
Estoy creando un registro fotográfico de esta mudanza. Lo verán una vez que me establezca, y sólo Dios sabe cuándo sucederá eso.
Pienso en lo que falta, y me dan ganas de retirarme ya. Pienso en quienes hoy hicieron mi día más llevadero y me tranquilizo un poco.
A ustedes, gracias por el almuerzo, por la hermosa libélula que se parece a vos que sos medio pájaro porque siempre estás en las nubes, y gracias por el último café.
Hasta aquí, desde Buenos Aires...

miércoles, 14 de noviembre de 2007

Misceláneas

"You, complete me."

domingo, 11 de noviembre de 2007

Bodas de plata


Te conocí hace 25 años. Colombres 721. Yo esperaba que el micro me pasara a buscar en los sillones de cuero negro del hall de entrada. Vos pasabas con tus enormes moños en la cabeza. Unos días antes de comenzar tercer grado, me dijeron que seríamos compañeras. Recuerdo que tu mamá me pidió que te cuidara, incluso, que te acompañara al baño. Y yo lo tomé al pie de la letra. Nunca más te dejé sola. Nos volvimos una, y aprendimos a ver con los ojos de la otra. Funcionábamos en bloque, donde iba una, la otra la seguía. Nos fuimos juntas de vacaciones; de chicas, de no tan chicas y de grandes. Nos compramos el mismo vestido marrón en lo de Carmen, ahí sobre la calle Estados Unidos, y nos poníamos de acuerdo para no usarlo en el mismo cumpleaños. Nos prestábamos los juguetes por el ascensor y hasta hablábamos por walkie-talkie desde nuestras casas. Llenamos de Micky Moco el aparador de tu mamá más de una vez. Insistimos una docena de veces en criar Seamonkies para terminar siempre tirando los cadáveres al inodoro. Compramos toda clase de estupideces en lo de Zulma, y corríamos entre el millar de cosas del negocio de Julio. Nos empachamos con el mantecol de la Convidosa y cada tanto, nos íbamos a la peluquería de Rubén Frúmboli. Fuimos a la mueblería de La Pipetúa y a danzas en lo de Títi, donde una vez, para una fiesta de fin de año, me disfracé de Morticia. Años después, en tu cumpleaños de quince, me saqué el anillo en las cintitas de la torta, y nadie nos creyó que había sido casualidad. Nos quedamos afónicas de tanto gritar en una veintena de recitales. Pagamos fortunas por algunas cenas shows. Nos vestimos como princesas para encontrarnos en el baño con Diana María. Aprendimos juntas a tomar champagne, para descosernos de la risa en un baño de 1x1. Quisimos aprender a bailar flamenco, para desistir al mes por pataduras. Y unos años después, por esas cosas que tiene la vida, nos alejamos. Lloré desconsoladamente durante dos años. Te soñaba y Néstor me despertaba a los sacudones porque lloraba dormida. Cuando llegué al punto de no soportar más tu ausencia, decidí volver, y a cualquier costo. Y nos reencontramos más unidas que nunca, para comenzar una etapa de a cuatro. Y al año siguiente quisiste que yo fuera la madrina y unos años más tarde tuviste una ahijada. Tal como lo habíamos planeado veinte años atrás. Y los tiempos y las circunstancias de cada una fueron muy distintos. Y nos alejamos un poco, pero sólo físicamente. Y ahora nos despedimos para alejarnos aún más. Pero nos fundimos en un abrazo lleno de lágrimas que me transporta a ese hall con sillones de cuero, o a ese 8º F o al 2º A y nos veo con dos colitas y jumper gris con nuestros bebés de Jolly Bell a upa. Así quiero recordarte, cerca amiga, muy cerca.

viernes, 9 de noviembre de 2007

Nuevos pagos

Éste, será mi barrio.



Y la del medio, la blanquita, será nuestra casa.









miércoles, 7 de noviembre de 2007

Lo que me quedaba de niña

Un puente me dijo el odontólogo. Tratamiento de conducto en la muela, te saco el premolar de leche y hacemos un puente. Lo primero que pensé fue: Lo que me va a salir ésto, ya me hice una corona este año, así que Osde no me lo cubre. Un minuto después vinieron a mi cabeza esos ganchos que tiene la gente grande en la boca, que se ven del lado de afuera de la mandíbula, sosteniendo varios dientes. Uy, qué vieja estoy. Y por último me acordé de mi premolar de leche. Durante veintipico de años, cada odontólogo nuevo que me atendió me dijo lo mismo: tenés un diente de leche, ¿sabías?. Cómo no iba a saberlo, primero porque es mi boca, segundo porque me lo recordaron toda la vida y tercero porque era tremendamente notorio. Casi diminuto entre los otros dientes, aprisionado, cortito. Y me senté en un sillón ese viernes, para dejar en una bandeja de acero inoxidable el último vestigio de mi niñez.

Misceláneas

"Y éstos, son cristales de Checoslovaquia."

martes, 6 de noviembre de 2007

Tranquilos, que ya me voy

Esta mañana aparecieron unas manchas de sangre en el piso. Parecían nacer en el pasillo que va a los dormitorios para desaparecer en el baño. El gato durmió afuera, por lo que queda descartado. Y para ser huellas del perro eran demasiado chicas. Como óvalos, con un círculo limpio en el medio. Lo raro es dónde comenzaron. No tiene sentido.

lunes, 5 de noviembre de 2007

Marioneta

No tiene vida propia. Manejan sus hilos sin preguntarle siquiera cómo está, cómo se siente, qué necesita, qué anhela y qué no quiere. Su tiempo ya no es suyo, su espacio ya es de otro. Sus esperanzas se agotan. Sus lágrimas se secan y la incertidumbre se torna insoportable. Grita cada vez más fuerte pidiendo clemencia y nadie escucha. Quiere resolver, pero su cuerpo está inmóvil, su boca cerrada y sus manos atadas. Cierra los ojos y los vuelve a abrir para encontrar día a día los hilos de la misma atadura. A veces es otro quien los mueve, o el mismo que adopta otro rostro para hacer aún mayor el desconcierto. Alguien le está usando las alas.

Misceláneas

"Chofer, ¿me baja a la señora en el zoológico por favor?"

domingo, 4 de noviembre de 2007

Vudú


Tuve que probarla. Puse mi mejor cara de fayuta y la saludé como siempre. Pude haber hecho algún comentario irónico, pero me abstuve. Por él, no por ella. Creo que había preparado pastas, y saqué las copas finas, las de cristal. Cuando llegó, estuvimos unos minutos a solas. Me parecieron horas. El silencio me incomodaba y me interné en la cocina para parecer ocupada. Había sido rubia, y tenía el cabello negro por capricho de él. No sé de qué se habló esa noche en la mesa. Me escudé detrás del vino para evitar el daño. Yo lo había pedido. Yo quise tenerla sentada allí, frente a mí. La estudié desde mi silencio. Centímetro por centímetro la miré para encontrar algún indicio que confirmara mi sospecha, y su engaño. Y nada los delató.

viernes, 2 de noviembre de 2007

Misceláneas

"Ladislao, ¿Estás ahí?"
"A tu lado, Camila."

jueves, 1 de noviembre de 2007

Tormenta de cambios


Un viernes por la noche se fueron para el Litoral. Cargaron un bolsito, el mate y las ganas de estar juntos. No hacía mucho que se conocían, pero se llevaban bien. Llovía mucho, y éso lo hacía más interesante aún. El ruido del agua en el techo de chapa de la habitación del hotel los envolvía. Cuánto más segura se sentía abrazada en la cama. Amaneció fresco y los rastros de la tormenta se evidenciaban en la calle. Por la noche, cenaron frente al río. Una vez terminado el vino, y cuando él ya había juntado el coraje suficiente, sacó de su bolsillo una cajita. Con una mano tomó la de ella y con la otra se la entregó. Ella la miró sorprendida. Era roja, de metal y con un borde grueso, plateado. La abrió esperando ver una lapicera, y encontró las alianzas. Lo miró, y él le preguntó si quería casarse. Pagaron y dieron vueltas hasta encontrar la Catedral del lugar. En la puerta, ya de madrugada, vistió de oro su dedo anular ante Él como testigo.

miércoles, 31 de octubre de 2007

Misceláneas

Bajo este título, leerán las frases que cada tanto vienen a mi memoria. Algunas conocidas, otras no tanto, y muchas sólo yo las he escuchado. Todas, han quedado grabadas en mis entrañas por distintos motivos.
"No se cuál de las dos me gusta más, si la de negro o la de blanco."

martes, 30 de octubre de 2007

La barra de Don Bosco

Virrey Liniers al 100. Ella vivía en el primer piso de un PH. Hija única del matrimonio de sus padres, aunque tenía dos hermanas mayores y un cuñado, Cacho. No recuerdo cómo se llamaba la madre, qué señora macanuda. El padre en cambio, era un tiro al aire. Recuerdo una vez que faltó dos días de su casa, dijo que no sabía dónde había estado y hablaba sobre extraterrestres. No sabíamos si reír o llorar, pero él era así. Inimputable. Los viernes nos instalábamos en esa casa para comenzar un pijama party que duraría todo el fin de semana. Algunas nos quedábamos hasta el domingo, otras se iban los sábados. Abríamos las ventanas del comedor, la música fuerte y atados de More mentolados por todos lados. A veces bajábamos y nos quedábamos en la vereda hablando con medio mundo. Era un barrio joven, lleno de historias, de nombres, de músicos y de gente que terminó en televisión. Nos recuerdo adultos, hablando y actuando como si tuviésemos 30 y cuando nos veo en el video de mi cumpleaños de quince, nos reconozco niños, tan cabezas frescas, tan inconscientes.
Hoy recuerdo algunos nombres, algunas fiestas, cierto metejón. Muchas desilusiones.
Y me pregunto qué habrá sido de la vida de ella, y de Cacho.

domingo, 28 de octubre de 2007

Me recuerdo en tus manos


Alguien me recordó sobre sus manos. Que eran iguales a las de su abuela, aunque sin las pulseras fabulosas ni el esmalte clarito. Sí llevaban anillos simples. A veces yo le limaba las uñas, ella no veía bien. Y aunque no escribían dedicatorias hermosas con letra chiquita, sí rezaban por mí. Estaban llenas de arrugas y los dedos mostraban los signos de la artrosis; y aún así eran hermosas. Suaves como pocas cosas que he tocado. Sin marcas, sin asperezas, hidratadas casi hasta la inundación. Transparentes, de piel finita. Toqué su mano antes de irme esa noche. Recorrí su dedo índice, falange por falange, para robarme su suavidad y recordarla así. De seda.

viernes, 26 de octubre de 2007

Un nuevo juego


Y ahora comienza la despedida de ellos. Son sus últimos días en el Jardín que los cuidó desde los dos meses de vida. Cambiaremos los nombres de los amiguitos, de las seños y aprenderemos otras canciones. Mañana es el día de la familia, y el último acto que compartiremos juntos. El lunes les hacen la despedida, con globos y chizitos. Y mientras tanto, dos nuevas sillitas son reservadas para el año que viene a 1600 kilómetros de distancia. En una casa de madera, con árboles en su patio, a tres o cuatro cuadras del lago. Cambiarán sus horarios, se levantarán más tarde, almorzarán con mamá y tendrán siete horas más por día para jugar en casa, o afuera, cerca de la montaña. Aprenderán en el jardín a tomar mate, a andar en bicicleta con rueditas y tendrán compañeritos mapuches. Harán campamentos, y en quinto año llegarán a la cima del Lanín.

Ellos, más que nadie en el mundo, merecen comenzar el juego de la vida.


lunes, 22 de octubre de 2007

Némesis


Noche de calor, viernes, after office. En este afán que tengo últimamente de despedirme en continuado, me encontré con dos amigas. Tomamos primero unos mates, y a primera hora de la noche, taxi mediante, partimos rumbo a Plaza Serrano. Nos enteramos en el camino, gracias al chofer, que la plaza se llama Julio Cortázar, que trabajar frente a una computadora no permite que se oxigene el cerebro, por lo que hay que ponerse de pie e inspirando al son de 1,2,3,4 - 1,2,3,4 parar un poco porque no se puede vivir así. Nos bajamos en una esquina de la plaza y comenzamos a rodearla buscando algún lugarcito donde picar algo sentadas en la vereda. Después de dos vueltas, y cuando mis zapatos ya no me permitieron caminar más, encontramos un lugar todo monono con mesitas bajas, bancos con almohadones blancos y mozos vestidos cual monjes tibetanos. Picada para dos, abadejo para una y vino tinto para las tres. Casi inevitablemente terminamos hablando de gente conocida. Recuerdos viejos, algunos demasiado. Mucha gente alrededor, mucho idioma extranjero. Copas enormes y unos postres de antología. La charla se fue tornando cada vez más interesante y terminamos seis sentadas a la mesa, en vez de tres como cuando llegamos. Cada una dejó salir a su némesis y nos enredamos en confesiones inimaginables. El cielo se tornó rosado, el viento de tormenta soplaba por Honduras y los frutos de vaya a saber qué árbol me producían alergia. Me hubiese quedado vagando por esas calles durante horas, recordando lo fresca que se pone la noche cuando comienza a amanecer. Pero tome un taxi, y le pregunté si me llevaba a provincia.

viernes, 19 de octubre de 2007

La prueba de nuestro delito

Un poco por seguir al pie de la letra el libro de Doña Petrona, otro poco aprendido en los años de cocina en el convento, ella sabía cocinar como los dioses. Todo le salía exquisito. Hacía unas galletitas de canela con una nuez en el medio que eran para morirse. Unos fideos rellenos que sólo probé en dos oportunidades porque le daban mucho trabajo. Su pastel de papas, increíble, con esa masa en el fondo, que parecía una confitura. El guiso de alcahuciles, con el que todos nos chupábamos los dedos. La ensalada de tomates, mágicamente aliñada. Su pizza casera, finita, bien finita, crocante. Un pollo a la cacerola, con papas, ajo y perejil, que me encantaba y a veces, hoy preparo a las perdidas porque alguien come de mala gana. La tortilla de papas, sequita como me gusta. Hasta la soda le salía rica, la recuerdo en el lavadero, garrafa en mano luchando con el Drago. Y su receta magistral, las empanadas. No voy a dar las proporciones, porque es su receta y sólo yo puedo repetirla. Pero supo combinar a la perfección, la margarina, la cebolla, la carne picada, el pimentón, el orégano, ají molido, huevo duro y las aceitunas. Y así como nos encantaba con su manjar, todos los que comíamos en su mesa, caíamos indefectiblemente en su trampa. Ella no descarozaba las aceitunas, sino que las usaba de señuelo, como prueba del delito. Y era su costumbre al terminar de comer, contar los carozos en los platos de los comensales. Confieso que alguna vez, puse ante cierta distracción, un carozo propio en un plato ajeno.

miércoles, 17 de octubre de 2007

Paciencia

Ya vendrán más historias...estoy juntando coraje...me está pasando una mudanza por encima y ya no tengo 20 años, aunque no se note por lo espléndida que estoy...

viernes, 12 de octubre de 2007

El mundo de los pequeños


Como si no hubiese tenido suficiente con la biblioteca, llegó el turno de los juguetes. Los de bebé, los de nena y los de nene. Barbies, sonajeros, juegos de encastre, libritos de goma eva, cocinitas, sets de maquillajes, juego de doctora, pileta para lavar platitos, muñecas en bañaderas, baldes, palitas, rastrillos, peluches, Barney, rocola de Barney, BJ, más Barney, cajas de supermercado, con lector de código de barras y todo, muñecos de goma para el baño, inflables, juegos de mesa, zapatilla, triciclo, bicicleta y auto, muñecas de trapo, animalitos de arrastre, juegos de masa para moldear, rompecabezas, rastis, memotest, pizarras mágicas, teléfonos, juegos con sonidos de animales, pelotas, autos, carteras de princesas, espejos de princesas, varitas mágicas de princesas, coronitas de princesas, cepillos de princesas, juegos de mate, de té, de café, sartenes, ollas con y sin tapas, vasitos, jarras, platos de todas formas y colores, cubiertos de todos los tamaños, muñecos de la cajita feliz, narices de payaso. Un laburo de locos, todo el día separando lo que sirve de lo que no, lo roto de lo sano, las piezas chiquitas aparte para que no se pierdan...en fin. ¿Todo para qué? Para que estén todo el día mirando películas y hojeando libros de cuentos...

miércoles, 10 de octubre de 2007

La Biblioteca de Alejandría


La miré siempre con un poco de miedo. Me sentaba en el sofá a contemplarla, y jamás pude terminar de descubrirla. La conocí enorme, policromática. Y fuimos, durante muchos años, añadiéndole tesoros. Muchos los dí por perdidos, de otros me olvidé, y a algunos los sacaba cada tanto para incrementar mi dosis de melancolía. Hace un par de días que comencé a desmembrarla. El polvo de años me cubrió y dejó a la luz ciertas cosas que alimentaron el alma de mucha gente durante tanto tiempo. Encontré libros gigantescos, de hojas amarillas con bordes comidos, editados en 1892. Prolijamente forrados, con mapas de exquisitos detalles, descripciones de un Ecuador tan viejo y tan bonito, que dan ganas de sentirlo como propio. Hallé miles de postales de los más diversos lugares del mundo, escritas, pero no pude saber por quién ya que estaban pegadas en dos álbumes. Vi muchas fotos, en blanco y negro y algunas en sepia. Sólo pude reconocer sin titubear a ella, de unos quince años más o menos, en el festejo de una comunión. Y esa torta sobre la mesa, tan parecida a las fotos del libro de Doña Petrona. Hojeé una carpeta llena de escritos de un abuelo. Algunos a máquina, otros a mano con esa tinta borroneada por el paso del tiempo. Vi las calificaciones del colegio de cierta gente. Encontré un manual del alumno bonaerense de tercer grado. Me sorprendí con tantos certificados de asistencia a cursos sobre tecnología. Vi la persistencia de cierta gente en no caer en la mediocridad. Volví a sonreír al ver la tapa de determinados libros. Miré atentamente el árbol genealógico de los Buendía de Macondo. Acaricié con las manos llenas de tierra esa edición de Alianza de Arquitectura Paleocristiana y Bizantina por Krautheimer, tan mía, tan impecable, tan estudiada hasta el último de sus detalles. Encontré una colección sobre tejido, y aprendí que los cuadraditos con los que le tejí la mantilla a mi hija cuando nació se llaman "Vieja América". En sobres de papel madera descubrí las fotos de mi casamiento, que tomé una por una para darme cuenta de cómo habían cambiado las cosas, cuánta gente hoy falta. En el último estante, estaba el álbum en el que pegué las rosas que me regalaron, las pocas palabras que me escribieron y algún que otro dibujito. Vi La cruz invertida, que me dedicó hace unos cuantos años Marcos Aguinis, y que nunca leí porque no me engancho con la novela histórica. En fin, el mundo inescrutable se abrió para mí. He descubierto y recordado tanto en estos días. Ojalá hubiese tenido más tiempo para dedicarle antes de encerrarlo en cajas de 55x30x30.

lunes, 8 de octubre de 2007

Mi elefante rojo

Hay cosas de las que cuesta muchísimo separarse. Uno ya no sabe para qué las conserva, incluso inservibles, si a veces están celosamente guardadas, casi escondidas.
Alguien me regaló una vez un elefante rojo de plush que era en ese entonces, mucho más grande que yo. Por ahí deben estar las fotos que he visto mil veces, en las que estoy en mi dormitorio, con mis escasos añitos, mi vestidito blanco, y ese pelo negro, bien lacio y sobre la cara, parada al lado de mi elefante. Ya de más grande me molestaba, y lo ponía siempre en un rincón del cuarto hasta que empecé a usarlo de perchero. Toneladas de remeras colgaban de la trompa. Como todos los muñecos de esa época estaban rellenos de semillas varias, y luego de tantos años, a falta de agua, en vez de germinar, mi elefante se llenó de bichos. Mi mamá insistía en que lo tirara, yo me negaba rotundamente. Hasta que una tarde, decidida, se lo llevó. Lloré y lloré; no por mi elefante, sino por los años en los que el elefante me había acompañado. Me levanté de la cama, fui al incinerador y allí lo encontré, solito y a oscuras. Lo agarré de su trompa enferma y lo llevé nuevamente a mi cuarto. No recuerdo hasta cuándo estuvo conmigo, ni cómo se fue definitivamente. Yo ya había hecho mi duelo.

Yo, Migral Compuesto

Él sufre de los mismos dolores de cabeza que yo. De esos que me obligan a bajar las luces, tomarme cuanta pastilla encuentre, darme una ducha congelándome con tal de dejar la cabeza bajo el agua helada y encerrarme en mi dormitorio para morirme sobre mi cama. Pero él además, se congestiona. Cuando veo sus ojos disminuyendo su tamaño, su cuerpo apichonado y un pañuelo en sus manos, tiemblo. Sólo quien conoce lo que significa padecer una migraña , cuando ve aparecer esos síntomas, sabe que es el comienzo de una guerra perdida. Y ahí está él, sentadito en una silla haciéndome el aguante, con sus piernas abrazadas delante de su pecho tan bonito, moqueando, escondiendo cada tanto su cabeza entre sus rodillas para evitar la luz. En estos casos quisiera creer en los poderes de bruja que siempre me atribuyeron y nunca supe encontrar. Quisiera abrazarlo y con mis manos en su frente ahuyentar ese dolor. Quisiera que un tecito tibio lo aliviara, que el aire fresco que entra por la ventana de la cocina lo despejara un poco. Pero se cómo son estas cosas. Incluso, mejor ni dirigirse la palabra, porque todo molesta. Seguramente, ahora se levante y se vaya a pegar una ducha.

domingo, 7 de octubre de 2007

Los ñoquis no son sólo del 29

Y si...es el karma de mi familia...no hay nada que hacer. Esta mañana llevé a los chicos a la guardia. Uno por sus mocos vitalicios y la otra por una renguera medio artística que resultó en esguince. Los vio la pediatra y nos pidió que fuésemos a rayos a sacar una placa de tobillo a Andreita del Boca. Como hay que entrar en otro sector del sanatorio, antes del ingreso al ascensor, hay un pequeño escritorio con una señorita de una empresa de seguridad que se encarga de anotar en un libro de actas los datos de los menores que ingresan y alguno de los padres. Me preguntó los nombres de los chicos y el mío. Anotó todo y nos puso a cada uno una pulsera identificatoria con el nombre, la que nos sacarían al salir. Bajamos al primer subsuelo y mientras estábamos en la sala de espera Iñaki me pidió upa y lo alcé. Le habían puesto la pulsera en el tobillo, ya que tenía una campera con puños ajustables. No se me había ocurrido mirarla, hasta ese momento. Si Guadalupe con diéresis me resultó extraño, mi hijo con nombre de pasta, más aún.
Le sacamos una foto, porque hay cosas que no pueden dejar de mostrarse.